La
Espada de Honor.
En la noche del 9 de
julio de 1892 en el Teatro del Príncipe
Alfonso, se estrenó “La Espada de Honor”,
maniobra cómico-lírica militar en un acto y cuatro cuadros; libro de José
Jackson Veyán y música del maestro Cereceda.
Aunque no es una
obra sobre la que se suela escribir
mucho, fue en su día un gran espectáculo, que alcanzó
gran éxito en Madrid, llegando al
extraordinario número de 300
representaciones, y posterior gira, que la llevó por todos los teatros del
país.
PERSONAJES:
José
Jackson Veyán: Autor del libreto.
Guillermo
Cereceda: Empresario- autor de la música. Natural de Toledo,
nació el 10 de febrero de 1844, falleció en Madrid el 24 de octubre de 1919.
Cereceda muy conocido en su época fue
compositor, director de orquesta y empresario. José Deleito y Piñuela en
“Origen y Apogeo del Genero Chico” lo describe del siguiente modo: “Uno de los
hombres de teatro que metió más ruido en el Madrid finisecular, fue don
Guillermo Cereceda. Él era, en una pieza, empresario, director de compañía,
director de orquesta y compositor de música. Como empresario, en popular, sólo
Felipe Ducazcal le aventajó.(…), y el género que Cereceda cultivaba
preferentemente-opereta, zarzuela y revistas de espectáculo-solía ser ruidoso o
por el escándalo que producían… la gran cantidad de trompas, tambores,
cornetas, y demás instrumentos altisonantes movilizados por la batuta en la
orquesta o en el escenario, en charangas, pasodoble y marciales desfiles.
Por lo mismo que sus obras eran de
aparato, costosas de poner en escena, y necesitadas de auditorios que pudieran
costear su montaje, actuaba con preferencia en espacios coliseos.”.
Jorge
Busato: Escenógrafo reconocido, que para la ocasión creo
tres decoraciones formidables que levantaron la admiración de público y
crítica, creando un efecto de profundidad que requería la función. Estas tres escenas reproducían:
las afueras toledanas; el campamento de
Alijares en plenas maniobras bélicas por
alumnos de la Escuela Militar de Toledo; y un fuerte con bandera española.
Teatro
del Príncipe Alfonso: Uno de los teatros de “verano” de
Madrid, si bien a diferencia de otros teatros veraniegos, aquél era de más
firme y de solida construcción. Se encontraba sito en el Paseo de Recoletos
sobre unos terrenos que habían pertenecido al Monasterio de las Salesas Reales-
a la altura de los actuales nº 33 a 37 -y se había construido por Simón Rivas
siguiendo el ejemplo del Circo de los Campos Elíseos de Paris aunque aventajando a éste en magnitud y ornato, como señala Deleito y
Piñuela.
Con la excusa de las
maniobras militares de los alumnos de la Escuela Militar, Cereceda, coloca en
el escenario a unas 120 mujeres vestidas de soldados-alumnos. Unos meses antes se había dirigido a Jackson Veyán para proponerle el asunto, realizando Jackson un libreto
ligero, con chistes fáciles que hicieron
las delicias del público; el espectáculo
estaba servido. Cuentan las crónicas de la época, que los ensayos de la
obra se dilataron 9 meses, lo que era un
tiempo significativo, dada la rapidez con que se sucedían las obras en el
llamado teatro por horas, y así Deleito
y Piñuela señala que se reclutó el personal
del “bello sexo” con cuidado de que fuese lo más “bello” posible, no sólo
reforzando el cuerpo de coros, sino contratando buen número de comparsas (el
critico del diario “El Día” en la crítica del estreno el 10/07/1892 se refiere
a que Cereceda emplea el concurso “de más de cien coristas, más o menos cigarreras”), ello llevaría
a que los alrededores del teatro y del escenario estuviesen habitualmente visitados
por jóvenes en busca de lo que podían encontrar
:“Aun siendo grande el escenario del Príncipe Alfonso, no se podía dar un paso
por él ni por sus inmediaciones cuando se representaba La espada de honor ; y, si nunca tuvo demasiada buena fama el personal
femenino subalterno de aquella compañía, tal acarreo extraordinario llevó allí
a innumerables mujeres equívocas, que arrastraron tras sí considerable numero
de “moscones”, cortejos y amigos de todos los colores y clases. El teatro se
convirtió en un arrabal de “Citerea”, y no ya en los cuartos, sino entre
bastidores, eran frecuentes “espectáculos” más vivos y movidos que en escena ,
obligando a huir de allí a quien no quería participar en ellos”.
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La Ilustracion Nacional 26/07/1892 |
Tuvo Cereceda que
contratar a un capitán instructor que se
dedicó a instruir a las muchachas que debían de desfilar de forma marcial a toque de corneta, y que lo hicieron
singularmente bien, como se destacaba por la critica, y además posteriormente
al desfile representar el ataque y
defensa del fuerte (descargas cerradas desde dentro y fuera, organización de
los asaltantes en escuadras y secciones, presentación de dos piezas de artillería
con sus artilleros, disparos (rodilla en tierra). El critico del “Heraldo de
Madrid”, conocido como Abate Pirracas, azote de actores y autores, y al que Jackson dedicó el libreto ( había sido
militar y le ofrecía una espada), relata como habiendo asistido a los ensayos
previos con tantas mujeres, aquellos se hacía difíciles para el director de escena, pues las mujeres se
dispersaban por todo el teatro, patio, balcones… y hacían caso omiso a las
llamadas hasta que se ordenaba un toque
de cornetas y allí acudían raudas a ponerse en formación. Pero no sólo no escatimó Cereceda, el
empresario, en medio personales, además
del coro compuesto por aproximadamente 100 mujeres existía una banda de
cornetas, integrada así mismo por mujeres, una banda militar, y llegaba a entrar
en el escenario la caballería en forma de varios equinos que en alguna
ocasión como veremos más tarde motivaron alguna anécdota; se decía por algún critico que llegó a
invertir 9.000 duros de la época, y se alabó unánimemente el vestuario: los uniformes por su
preciosismo y calidad y las armas hechas ex profeso para el tamaño de las soldado.
”Pepe Jackson ha querido dar ocasión y
motivo a Cereceda para que pruebe algo que tiene sobradamente justificado: sus
buenas dotes de compositor y su gran habilidad como instructor de reclutas.
Imponer a un crecido numero de éstas del coro y á no pocos figurantes, la
autoridad necesaria para que observen el orden y la compostura que se exige en
las filas del ejercito, alcanzar a que aprendan a la perfección el “manejo del
arma” y marchen con marcialidad, poseídas de su papel, y hagan fuego con sus
preciosos fusiles, es obra de romano”. ( El Heraldo de Madrid 10/07/1892).
“Advertimos á los que
no hubiesen visto un simulacro militar, que puede apreciarlo en todos sus
detalles en el Príncipe Alfonso con la ventaja de que no ofrece peligro, pues ni hay disparos ni descargas, los primeros son
con sordina y éstas últimas eléctricas. La pólvora es de la últimamente
descubierta, sin humo, como cerillas de Cascante y las balas del sistema
perfeccionado… de chocolate”( El Día 10/07/1892).
“Desde que se levanta el telón y escucha el
publico la alegre introducción y la chispeante primera parte del libreto
empezaron a aplaudir y la hilaridad, que sin esfuerzo promueve Jackson en los
animados diálogos del primer cuadro “Paz y Guerra” (Diario de Córdoba ,
diciembre de 1892)
“…el entusiasmo del
público rayó en delirio. El desfile de fuerzas, en que figuran todas las armas,
con elegantes uniformes, material y equipo y armamento exacto y además a los
acordes de una banda militar y la carga con banda de cornetas formada por señoras
del coro, produjo un efecto grandioso y deslumbrador, haciendo proferir al
público en atronadores aplausos. La representación termina con la toma de la
bandera y del reducto obteniendo un alumno la Espada de honor. Al final el Sr. Jackson
y el maestro Cereceda, que ha escrito una música inspiradora, graciosa y en
extremo brillante fueron llamados infinidad de veces al palco escénico (Ilustración
Nacional 16/07/1892).
Tal es el éxito de la
obra, que de las cuatro funciones diarias del teatro, en dos de ellas la
segunda y la cuarta se representa la Espada de Honor, y el “todo “ Madrid acude al Príncipe Alfonso; y así aunque en los
periódicos se anuncia que la Infanta Isabel ( conocida popularmente en Madrid como
“La Chata” ) acudirá al teatro, finalmente lo hace el 13 de julio de 1892
acompañada de Su Majestad la Reina “permaneciendo en el palco regio desde el principio
de la segunda función hasta que terminó la cuarta, de manera que presenciaron
las dos representaciones de la Espada de Honor. En una y otra las reales
personas aplaudieron las maniobras militares del improvisado batallón de
alumnos o alumnas.
En el teatro no había
ni una localidad vacía en ninguna de las funciones, componiéndose el público de
lo más selecto de la sociedad madrileña. La espada de Honor gusta cada vez más
y esta dando grandes rendimientos a la empresa (Iberia 14/07/1892).
De las múltiples anécdotas
que propició la obra, voy a destacar dos: cuenta “El reservista” de 20/06/1893 que
encontrándose Cereceda en Algeciras se
le ocurrió ir a Gibraltar a dar alguna
representación de la “Espada de Honor”: “llegó
a aquella plaza de guerra, en poder de los ingleses y tuvo noticia el general
gobernador de que en el barco en que iba la compañía iban también fusiles,
cañones, espadas, sables etc. de guardarropía, por supuesto. El celoso militar
inglés se negó rotundamente a que aquellas “armas” entraran en Gibraltar y cuando
supo que el autor de La Espada de Honor es Jackson (apellido inglés) se desató
en improperios contra los ingleses que escriben “cosas” para que entren armas
en Gibraltar
Cereceda.-¿Pero por
Dios!...
Gobernador.-No puede
ser.
Cereceda:- Por estas
muchachas tan bonitas que vienen conmigo ¿no lo hará usted?
Gobernador.-¡Ah!,¡Oh!,
¡Yes!, mi temer una invasión…”
Con ocasión de las
representaciones de Sevilla, el actor que figura jefe del ejercito lleva tan
obligado las riendas del caballo que monta que esté retrocede hasta unirse con
los que montaban las coristas que figuran cadetes de caballería. Temiendo ser
atropelladas las coristas de la banda de cornetas y alguno músicos de la banda
militar buscan salvación tirándose del escenario al público, varias coristas
caen contra un atril o la barandilla que
separa el foso de la orquesta lesionándose y también el director de la banda militar que cae sobre el bombo de la orquesta.
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